Proyecto

En algún momento de mi vida decidí que en lugar de ser arquitecta, quería ser filósofa y dedicarme al mundo del arte: este sería mi proyecto.

Dedicarme a escribir, a pasarme las mañanas pintando en El Retiro, a ir al Círculo de Bellas Artes a algún taller interesante…

O simplemente a quedarme sentada en aquel sillón blanco de piel que tenían mis abuelos, con un café y el cuaderno preparado por si surgía la inspiración.

Aunque profesionalmente no me he dedicado a ello hasta ahora, esto es algo que se lleva por vocación y que es imposible abandonar.

A lo largo de los años, esta relación de amor-odio ha ido sufriendo diferentes transformaciones; «no es oro todo lo que reluce» que decía Tolkien, y desafortunadamente es necesario que exista un balance entre los sueños y la supervivencia, sin embargo se ha ido manteniendo de uno u otro modo.

Esa continuidad, inevitable más allá de cualquier contratiempo,  ha culminado en esta nueva aventura.

El origen primigenio,  convertido  en la marca de la casa, fue un cuaderno que me regalaron en 1993.

Ahí  comencé a dejar volar mi creatividad e imaginación, digamos de un modo «más oficial», con los primeros escritos y dibujos.

Desde entonces  sigo empeñada en mi proyecto, sin dejar de escribir, de pintar y dibujar, sin dejar de pensar.

Como bien nos recomendaba el gran profesor Manuel Maceiras allá por el 94, en mis primeras clases en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid: «Escribe a diario, aunque no escribas un diario».

Quien dice escribir, dice lanzar cuatro trazos en un papel o mezclar unas cuantas manchas de colores para  dejar esa efímera impronta artística en el mundo, manteniendo siempre la mente activa.

Desde El Bazar de Mary, a vuestra disposición.

PazMC.