Escapada a Sicilia II: Siracusa.

Nuestra aventura siciliana continuaba en Siracusa, y ahí es a donde nos dirigíamos en un tren que salía de la estación de Palermo, Palermo Centrale, a las 07:30 de la mañana.

El apartamento estaba muy cerca así que coordinamos los horarios de autobús y estábamos allí en diez minutos, listos para el próximo destino, al que llegaríamos sobre el mediodía.

Tengo que decir que los trenes italianos no son los más cómodos en los que hemos viajado, pero como nos encantan los viajes en tren, no se nos hizo nada pesado el trayecto y pudimos disfrutar en la distancia de la efervescencia del volcán Etna que recientemente estaba por llamar la atención.

Volcán Etna

La sorpresa nos la llevamos al llegar a Siracusa, la zona turística realmente es la Península de Ortigia, que es donde teníamos reservado nuestro alojamiento, pero los autobuses que iban hasta allí (que en realidad era tan solo una distancia de poco más de dos kilómetros, pero que con maletas, pleno mediodía y después de unas cuántas horas en un tren, puede parecer una odisea), solo están operativos en verano, y no era el caso, así que tomamos aire, calibramos fuerzas e hicimos un cambio de agenda sobre la marcha: en nuestro improvisado paseo disfrutando en vivo de las vistas de Siracusa, haríamos una parada para comer y pedir por fin una auténtica pizza siciliana.

De los sitios que teníamos fichados, solo encontramos uno abierto porque además era domingo, pero fue una decisión acertadísima, el local era súper acogedor, el servicio muy atento y eficiente, comimos de maravilla y recuperamos fuerzas para la parte que nos quedaba.

Si estáis por Siracusa, no dejéis de visitar Piano B , merece totalmente la pena.

Continuando con nuestro paseo y puesto que solo teníamos de margen lo que nos quedaba de tarde y la mañana del día sigueinte, aprovechamos para ir visitando algunos lugares que teníamos marcados en nuestra lista como el Templo de Apolo, el Puente de Santa Lucía y la Fuente de Diana.

Ascensor vintage en Siracusa

En esta ocasión habíamos reservado el alojamiento a través de Booking y elegimos el B&B Maison Ortigia , estaba en una zona pintoresca, tenía muy buena pinta y prometía vistas maravillosas, pero cuando llegamos a la dirección nos encontramos ante un bloque de pisos cualquiera de una ciudad cualquiera con una entrada de todo menos acogedora, un ascensor que parecía la entrada a la morada de un psico y que tenía en su interior una máquina de monedas que supusimos era necesaria en su origen para ponerlo en funcionamiento.

Tenía la peor pinta del mundo, pero menos mal que al entrar se nos pasó el susto, nos atendió la responsabe medio en inglés, medio en italiano y nos dio una de las mejores habitaciones con una decoración minimalista pero muy chula y una terracita con unas vistas espectaculares, que sólo por eso ya merecía la pena lo que nos había costado llegar y el susto de la primera impresión.

Después de un minidescanso nos fuimos a patear las callejuelas de Ortigia, y tengo que decir que me enamoré de esta ciudad, especialmente porque descubrí un lugar encantador llamado Biblios Café que es justo todo lo que yo habría querido poner en marcha como negocio, y con eso me bastaría, librería-cafetería con talleres, zona de intercambio de libros, y una propietaria que luego descubriría que era la ilustradora de los cuadernos de notas (por supuesto me llevé uno como manda mi tradición), postales y tazas, entre otras cosas: PaolaPopsIllustrations echadle un vistazo porque hace cosas muy interesantes.

Paseamos por la imponente Piazza del Duomo, que se edificó sobre los restos del antiguo templo dórico dedicado a Atenea, construido en el sigo V a.C. y desde allí nos fuimos a buscar la Fuente de Aretusa para terminar la jornada disfrutando de un atardecer mágico, con brutales reminiscencias del pasado.

En Siracusa entras como en una especie de dimensión paralela, desconectas del estrés, del ruido de las ciudades, te fundes con sus leyendas e historias, es el lugar perfecto para recargar pilas.

Según la mitología griega, Aretusa era una ninfa a la que la diosa Artemisa convirtió en fuente para que escapara del acoso amoroso de Alfeo, hijo del dios Océano. Sin embargo, Aretusa con su nueva forma de fuente en Ortigia, no se imaginaba que Alfeo locamente enamorado de ella, iba a transformarse en río para fundirse en las aguas de Aretusa y dar caza a su amada.

Y ahí estábamos nosotros, ensimismados, viviendo en directo esta lucha.

El atardecer fue espectacular, no tengo palabras, a pesar de que a esas horas y aunque el clima nos hizo muy fácil el viaje, ya se empezaba a notar fresquejo que dirían en mi pueblo.

Nos quedaba una de las pruebas de fuego de todos los viajes: el descanso y el desayuno, y las dos cumplieron de sobra las expectativas.

El tren que nos llevaba a la siguiente etapa salía de la estación de Siracusa a la una de la tarde, porque nos habíamos reservado esa mañana para uno de los highlights del viaje: la Neápolis; con lo que no habíamos contado es que no habría consignas para dejar el equipaje, pero como no eran maletas grandes y a primera hora estábamos haciendo la visita prácticamente solos, la cosa fue menos traumática de lo que imaginábamos en un principio.

Así que con maletas incluidas, comenzamos nuestro periplo por el Parque Arqueológico de la Neápolis de Siracusa, donde estaríamos aproximadamente unas tres horas al estar limitados por el horario de salida del tren, pero aún así lo disfrutamos al máximo.

Anfiteatro Romano

Comenzamos nuestro recorrido por el Anfiteatro Romano que se construyó en parte excavando la propia roca del lugar y que es impresionante, y más con la suerte que tuvimos de poder disfrutarlo solos.

Visitamos también el Altar de Hierón que era donde se llevaban a cabo los sacrificios, tenidos en cuenta como celebraciones muy importantes en la época clásica.

Llegábamos a la joya de la corona, considerado como la ruina más importante del recinto: el Teatro Griego, donde se representaron las obras más importantes de la época; en la zona superior, en la parte más al norte del parque se encuentra la Neápolis de Groticelle que son numerosas excavaciones en la roca en forma de cuevas y una en concreto a la que se denomina la Tumba de Arquímedes, aunque en realidad se desconoce el verdadero lugar en que fue sepultado el filósofo griego.

Otro de los puntos del parque que teníamos más interés en visitar,porque lo habíamos visto en fotos y nos parecía impresionante, era la cantera conocida como Latomía del Paraíso, donde se encuentra la Oreja de Dionisio, que se trata de una imponente cueva con una forma especial, a la vez que majestuosa y mágica, que le confiere una acústica muy buena, por lo que se dice que Dionisio recluía allí a los disidentes para poder escuchar sus planes, ya que esta acústica tan especial permitía que hasta los murmullos pudieran escucharse desde fuera.

Desde luego fue un recorrido mágico que nos llevó a la época clásica, con todos sus tejemanejes, celebraciones y demás, pero que llegaba a su fin.

Nos esperaba un corto trayecto en tren de apenas una hora hasta Catania donde terminaría nuestro viaje, pero que no queríamos dejar de acompañar, como ya es costumbre, con unos productos de la zona, así que entramos en una salumería de estas de toda la vida, al lado de la estación, donde nos prepararon dos magníficos bocadillos de bresaola y capocollo, para chuparse los dedos y listos para la última etapa.

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