Redecorando.

Una de las palabras que más terror me da escuchar es: ¡Mudanza! Es increíble la de cosas que puedes ir acumulando sin darte cuenta, por si acaso, porque te da pena… Hace poco leí una frase que lo refleja perfectamente: “La delgada línea entre lo guardo por si acaso y el síndrome de Diógenes”, que no es para tomarlo a broma, pero esa es otra historia.

Por otro lado, es una buenísima oportunidad para hacer limpieza, una vez que ya has pasado el momento shock y has asumido que tienes que empezar a preparar cajas y más cajas, y de paso aprovechar para dar pequeños toques nuevos en la decoración del nuevo hogar.

En mi caso, ya llevo a cuestas unas cuantas mudanzas, por lo que con cada una de ellas he ido aprendiendo a hacer esta criba de un modo casi automático (esto me da la idea para un nuevo post con algunos consejos, pero lo dejaré para más adelante, por si tengo que hacer la decimonona mudanza).

Al mismo tiempo me ha generado una especie de súper poder, que hace que sólo de un golpe de vista pueda hacer una pasada general a los espacios de la nueva casa, y detectar qué cosas voy a añadir e incluso cómo van a ser casi al detalle; esto se adquiere después de la quinta mudanza, confirmado.

En esta última mudanza, la verdad es que teníamos poca cosa que hacer porque los muebles importantes y básicos los teníamos todos, y los que había ya en la nueva casa, combinaban genial y estaban muy bien cuidados; aun así, siempre hay cosas que pueden dar ese toque personal, ese hacer tuyo el nuevo hogar y adaptarlo a tu propio estilo, que nosotros hemos adoptado como rustic-chic, nos va que ni pintado.

Una de las cosas que queríamos cambiar, era la mesa de centro, no hay nada más cómodo que disfrutar de una buena cena viendo los últimos capítulos de House of Cards, sin tener que hacer malabares con una bandeja encima de las rodillas.

Y encontramos justo lo que buscábamos en nuestra tienda favorita de decoración y hogar: banak importa; es cierto que no es especialmente barata, pero suelen tener promociones puntuales donde puedes encontrar maravillas como esta mesa a mitad de precio, sólo hay que tener paciencia e ir mirando.

Otra de las cosas que nos faltaba, y que en realidad ya nos habíamos acostumbrado a no tener, era un reloj de pared en el salón, y casualmente dimos con el hueco perfecto, vacío como esperando a que lo llenáramos al llegar.

Para el reloj, miré Maisons du Monde, que además de muebles y textil, tiene detalles de decoración como nuestro reloj, que encajan a la perfección con nuestro estilo.

Reloj de pared vintage – Maisons du monde

Y, por último, mi frase favorita de las noches: “¿Qué infusión tomaré hoy?” Soy una fanática de las infusiones, y un poco también del orden, así que era casi de vital necesidad tener una cajita de madera chula para tener todas mis infusiones ordenadas y a mano.

Buscando por las redes, descubrí una tienda que seguro es conocida en los círculos de la decoración y el interiorismo, pero de la que no había oído hablar nunca, y me encantó, por la rapidez, la oferta de productos que tienen, calidad y estilo, y el precio que es bastante asequible, así que ya tengo mi cajita para las infusiones, de Lola Derek.

Probablemente le daré alguna pinceladita nueva más adelante, pero de momento, para los dos primeros meses es suficiente, y seguro que vuelvo a mirar en alguna de estas tres tiendas.

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